Overblog Seguir este blog
Edit page Administration Create my blog

547109_10200531052214463_1120699937_n.jpgmHBE

Intercambio de traducción

 Voy traduciendo mis obras en español, siendo el francés mi lengua materna. Busco a un autor español (o latinoamericano) que entienda bien el francés escrito, y que esté interesado en un intercambio de traduccion, si intenta traducir sus propias obras en francés. Si alguien esta interesado, que me contacte (haga click) : correoelectronico

Jean-Pierre Martínez
Jean-Pierre Martinez es autor teatral y guionista francés de origen español. Nacido en 1955 en Auvers-sur-Oise, sube al escenario primero como baterista en diversos grupos de rock, antes de hacerse semiológo para la publicidad. Luego trabaja como guionista para la televisión, y vuelve al teatro como autor. Ha escrito mas de 60 guiones para distintas series de la televisión francesa, y 50 comedias para el teatro (13 y Martes, Strip Poker, Bar Manolo, Ella y El, Muertos de la Risa, Breves del Tiempo Perdido, El Joker...). Actualmente es uno de los autores contemporaneos mas representados en Francia, y varias de sus obras han sido ya traducidas en espanol y en ingles. Es licenciado en literatura espanola e inglesa (Sorbonne), en linguística (Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales), en economía (Institut d’Études Politique de Paris), en escritura de guiones (Conservatoire Européen d’Ecriture Audiovisuelle). Jean-Pierre Martinez ha escogido ofrecer todos los textos de sus obras para descargar gratuitamente en su web :

/ / /
Manolo: el dueño crucigramero
Conchi: la cocinera soltera
Paco: el enterrador filósofo
Luis: el enterrador materialista
Silvia: la heredera sobreexcitada
Leticia: la adolescente preñada
Carlos: el profesor agobiado
Jesús: el fontanero afortunado
Blanca: la vieja amnésica

 

 

Multiples adaptaciones posibles
para varios repartos : de 7 a 10 hombres o mujeres

 


En el centro, la barra. Por encima, un gran cartel diciendo “Bar Manolo”. En las paredes unos carteles de fútbol. A un lado, un billar automático. Al otro, dos mesas. Detrás de la barra, Manolo, el dueño, haciendo un crucigrama en un periódico. En el bar, Conchi, la camarera, barriendo el suelo.

Manolo (levantando la cabeza) – Siempre está en obras...

Conchi se interrumpe para pensarlo.

Conchi (inspirada) – ¿Las carreteras…? Siempre están en obras. (Enseñando por la ventana) Mira...

Manolo la mira, impresionado, cuenta las letras con sus dedos, y vuelve a su crucigrama. Pero en seguida se desilusiona.

Manolo – ¡Mierda! Empieza con una A...

Entra Carlos, con su cartera en la mano, y perdido en sus pensamientos.

Carlos – Hola. (Se aproxima a la barra) Un café solo...

Manolo le sirve su café, y toma una botella de la estantería.

Manolo – ¿Un poco de coñac, para celebrarlo?

Carlos (sorprendido) – ¿Celebrar qué?

Manolo – Pues... el café.

Carlos – Gracias, no... Doy una clase dentro de un cuarto de hora...

Tentador, la botella en la mano.

Manolo – Vamos... ¡No te van a hacer soplar!

Carlos – Bueno...

Manolo le sirve una copa de coñac, y aprovecha la ocasión para servirse una copa también.

Manolo – Vamos, para brindar con el...

Carlos echa un vistazo a El País, que saca de su cartera.
Manolo se toma su copa de un trago.

Manolo (apreciativo) – Ah...

Su sonrisa de satisfacción desaparece en seguida.

Manolo – Este coñac está aguado, ¿no?

Carlos prueba su copa y pone mala cara de lo fuerte que es.

Carlos – Es que no se acuerda del sabor del agua...

Manolo mira el nivel en la botella.

Manolo – ¡Qué raro! Ayer estaba casi llena...

Coge un bolígrafo y traza una línea para marcar el nivel en la botella antes de ponerla de nuevo en la estantería.
Conchi acaba de barrer, y se va a la cocina.
Carlos esta tomando su copa cuando se ahoga viendo llegar a Silvia, de negro, y su hija Leticia. Carlos y Leticia se echan una mirada de sorpresa. Silvia no se percata. Carlos intenta esconderse detrás de su periódico, mientras Leticia y su madre van a sentarse.

Silvia (examinando la sala) – ¿Qué sucio, no?

Leticia – Es popular...

Silvia – Lo que digo: es sucio... Por suerte, no hay nadie... Enfrente del cementerio...

Silvia echa un vistazo hacia el dueño, que se aproxima para saber lo que desean.

Silvia – (de manera que Manolo no entienda) ¿Has visto lo borracho que está tan temprano?

Manolo –  Buenos días... ¿Qué desean?

Silvia – Un té con... (Con asco) Un té... Sin nada.

Leticia – Un granizado de limón.

El dueño se va. Silvia observa los carteles de fútbol.

Silvia – El fútbol, lo verán en la tele, tomando sus cervezas... Por no haber, ni siquiera hay un futbolín aquí dentro...

Leticia saca un paquete de cigarrillos y está por encender uno.

Silvia (con sorpresa) – ¿Fumas?

Leticia – Sí... Hace cinco años. ¿No lo habías notado?

Silvia – Leí en una revista, el otro día en la peluquería, que cada cigarrillo te quita diez minutos de vida. (Después de un momento) ¿Cuántos cigarrillos fumas tú?

Leticia – Según lo que he calculado, tendría que haber muerto hace seis meses ya. No lo entiendo.

Manolo lleva las bebidas.

Silvia (con un suspiro) – Así que, al final, no era una apendicitis...

Leticia – ¡Una apendicitis! ¡Con más de setenta y cinco años! ¡Confundir una cirrosis con una enfermedad infantil! No era el campeón del diagnóstico el medico ése...

Silvia – ¡Si era un residente! Están tan mal pagados... Bueno, de todas formas, era incurable... (Después de un momento) No me puedo creer que tu abuelo ya no esté.

Leticia – Antes de ser mi abuelo, era tu padre, ¿verdad...?

Silvia – Siempre tuve problemas para entenderme con él...

Leticia – Pues ahora ya no lo vas a arreglar...

Silvia – Una amiga mía hizo psicoanálisis durante quince años para intentar volver a hablar con su padre. ¡Quince años! ¡Fíjate!

Leticia – ¿Y...?

Silvia – Pues... que al cabo de los quince años, su padre estaba muerto, claro...

Sin que su madre lo note, Leticia intercambia con Carlos unas miradas inquietas.

Leticia – ¿Y la abuela?

Silvia – Ni siquiera se acuerda de que estaba casada... ¿Para qué decirle ahora que es viuda...?

Manolo hojea su periódico.

Manolo (leyendo) – El suicidio es la primera causa de muerte entre los adolescentes... Mira, cuando uno tiene diecisiete, ¿de qué va morir?, ¿de viejo?

Leticia – ¿Tú sabías que había contratado ese seguro de exequias?

Silvia – No...

Leticia – Es muy raro, ¿no?, escoger de antemano tu ataúd, como si fuera un vestido...

Silvia – Al menos, es cómodo para los demás. No tienen nada que hacer...

Leticia (con ironía) – Y nada que pagar...

Silvia saca de su bolso un espejo y se mira.

Silvia (espantada) – ¡Uy! ¡Ni yo misma me reconocería si me viese por la calle! Voy a arreglarme un poco, si no, van a creer que es a mí a la que hay que enterrar...

Silvia, yendo hacia el lavabo, se topa con Carlos, aunque éste haga lo posible para pasar inadvertido, escondiéndose detrás de un libro de Kant. Silvia duda un segundo antes de dirigirse a él con una gran sonrisa.

Silvia – ¿Carlos? ¡Soy Silvia! ¿No te acuerdas? Fuimos juntos al colegio...

Carlos (con entusiasma fingido) – ¡Silvia...!

Silvia – ¡Hombre! ¿Qué es de tu vida?

Carlos – Pues, sigo en el colegio...

Silvia – ¿Maestro?

Carlos – Primero alumno, después conserje, ahora profesor. Era la única solución para que no me echasen... ¿Y tú?

Silvia – Yo... Pues... Me casé... Y luego me divorcié...

Manolo (sentencioso) – Bueno... Más vale estar bien divorciado que mal casado... ¿No es verdad?

Silvia le echa una mirada asesina.

Silvia (a Carlos) – ¿Sigues escribiendo teatro...?

Leticia parece sorprendida.

Carlos – No... Ya no...

Silvia parece decepcionada. Carlos rectifica.

Carlos – Ahora escribo sobre todo novelas...

Silvia – ¿Novelista? ¡Genial! Tendrás que dedicarme una de tus obras.

Carlos (confuso) – Bueno...

Silvia – ¿Y aparte de eso? ¿Estás casado? ¿Tienes niños?

Carlos – No, sigo soltero...

Silvia – Y pensar que ahora mi hija tiene la misma edad que tus alumnos... ¡Cómo pasa el tiempo...! (Señalándole a Leticia) ¡Mira, aquí está!

Carlos echa una mirada confusa a Leticia.

Carlos – ¿Leticia? ¡Si está en mi clase...! No sabía que era tu hija...

Silvia – Lleva el apellido de su padre... Lo único que le dejó cuando se marchó... ¿Y tú? Eres su profesor de gimnasia, ¿verdad? Habla mucho de ti, ¿sabes...?

Carlos – Pues... no. De filosofía...

Silvia – ¡Claro! Tienes más bien la estatura de un profesor de filosofía... Dime, parece que mi hija no se lleva bien con Kant, ¿no? ¿Crees que por fin va sacar el bachillerato? Porque hace tres años ya... Siempre tuvo un espíritu poco abstracto. Además, la filosofía… ¿no lleva a ninguna parte, verdad?

Carlos – Pues...

Silvia – Mira. Si folla otra vez... Digo, si falla otra vez, la meto en una escuela de comercio, una de esas escuelas superiores en que puedes ingresar sin el bachillerato. Ya encontré una. Es cara, pero buena... Cuando quieres algo bueno, hay que pagarlo, ¿verdad? Además, francamente, el bachillerato... Si es para acabar en la universidad con el resto del rebaño. Ahora todos van a la universidad. Ya no hay ninguna selección...

Leticia (agobiada) – Mamá...

Silvia (suspirando) – Es muy difícil para una mujer sola educar a una niña... ¿Sabes lo que decía Freud sobre la educación de los niños?: «Haz lo que quieras, de todas formas estará mal…». Bueno, disculpa, tengo prisa. Tengo que enterrar a alguien...

Silvia prosigue su camino hacia el lavabo.

Leticia (enfadada) – No sabía que conocías a mi madre.

Carlos – Pues yo tampoco...

Leticia (preocupada) – Tengo que verte esta noche... ¿Voy a tu casa?

Carlos –  Mira, Leticia, no creo que sea una buena idea. Eso no nos va llevar a ninguna parte...

Leticia – ¿Eso?

Carlos – En una semana, si Dios quiere, sacarás el bachillerato.

Leticia – ¿Dios?

Carlos – El año que viene, irás a la universidad... o a una de esas escuelas superiores de comercio. Y yo continuaré en el colegio, como cada año.

Leticia (alzando la voz) – ¿El bachillerato? Ahora, te iría bien que aprobara, ¿verdad?... Así en septiembre podrás encontrar otra más jovencita a quien dar clases particulares...

Carlos, sintiéndose muy mal por que hable tan fuerte, contesta en voz baja.

Carlos – Pero... ¡Podría ser tu padre!

Leticia (irónica) – ¿Lo dices por haber conocido tan bien a mi madre hace años?

Carlos – Lo digo porque tengo cuarenta...

Leticia – Pues podría denunciarte por corrupción de menores...

Carlos – Tienes veintidós...

Leticia – Bueno... Por acoso sexual, entonces.

Carlos (con indiferencia fingida) – Haz lo que quieras. A lo mejor, me harías un favor echándome de la docencia.

Leticia (levantándose, con desprecio) –  ¡Maricón!

Silvia sale del lavabo. Leticia y Carlos se callan.

Silvia (a Carlos, encantadora) – ¿Por qué no vienes a casa alguna noche? Cena de solteros... (A su oreja, sugerente) A ver si conseguimos reanimar el fuego...

Carlos, molesto, contesta con una sonrisa crispada.

Silvia – ¿Vienes, Leticia? (A Carlos) – Tampoco me la agotes, ¿eh? Sigue siendo una niña.

Silvia y Leticia se van. Carlos se queda, trastornado pero aliviado. Manolo no se ha perdido nada de la conversación, pero hace como si no hubiese escuchado.

Carlos – Los riesgos del oficio... ¿Puedo contar con tu discreción? Si esto sale de aquí, me echan del colegio... directamente a la cárcel.

Manolo (sentencioso) – Un bar es como un confesionario. Puedes considerarme tu confesor.

De repente, Leticia vuelve como una furia, y pone algo en la mano de Carlos.

Leticia – Toma, es el primer examen que apruebo gracias a ti. Te dejo el diploma de recuerdo...

Leticia se va. Carlos mira la cosa incrédulo. Es una prueba de embarazo.

Manolo (con una sonrisa) – Cuando hay dos rayas, es que son gemelos...

Carlos se va, muy preocupado. Manolo suspira, antes de volver a su crucigrama. Conchi llega desde la cocina con una revista. Aprovechando la distracción de Manolo, se sirve una copa de coñac, la bebe de un trago, y echa el contenido de un vaso de agua en la botella con la ayuda de un embudo. Vuelve a poner la botella en su sitio cuando Manolo le echa una mirada sospechosa. Conchi abre su revista y se pone a leer con una sonrisa inocente. Manolo observa la portada de la revista.

Manolo – ¿Lees revistas de caza ahora?

Conchi – Leo los anuncios...

Mirada de sorpresa de Manolo.

Manolo – ¿Buscas un buen fusil de segunda mano?

Conchi – ¡Los anuncios matrimoniales!

Manolo – ¿Y qué?

Conchi – Pues, como con los coches... Tienes que hacer un estudio comparativo antes de decidirte...

Manolo – ¿Y has encontrado el modelo que buscas?

Conchi – Todavía no. Desgraciadamente, pasados los cincuenta, tienes que limitarte al mercado de ocasión...

Se oye el tono de un teléfono (una música de boda). Conchi saca su móvil.

Conchi (muy contenta) – Será el mío... Me regalé uno para mi cumpleaños...

Intenta coger la llamada, pero, como no esta acostumbrada al aparato, no lo consigue.

Conchi – ¡Joder!, ¿cómo funciona esa mierda...?

Manolo la mira desconcertado. Conchi consigue por fin hablar con su interlocutor.

Conchi (con amabilidad afectada y en voz muy alta) – Dígame... Sí, sí, soy yo... Sí, buenos días... Sí... Sí, cuarenta...

Se da cuenta de que Manolo la está escuchando.

Conchi – Bueno, digamos que más cerca de cuarenta que de cincuenta... Di con su anuncio por casualidad en esta revista de caza y... Bueno, yo no, cazo muy poco... La habré hojeado en la peluquería... Pues no, mi peluquera tampoco caza. ¿Por qué? Divorciada, eso... ¿Y usted? (Su sonrisa desaparece) ¡Ay...! ¿Y de qué murió? Si no es indiscreto, claro... ¡Ay...! Tuvo que sufrir mucho, ¿no? Digo yo que para esos casos lo mejor es la eutanasia, ¿verdad?

Manolo la mira, estupefacto.

Conchi – Sí. Seguro que su muerte le dejó un gran vacío... No, yo no tengo animales... Sólo un hijo de 17... Pero ensucia mucho también, no crea... ¿A usted le gustan los niños? No, lo digo por el mío, que para nosotros dos es un poco tarde, ¿no cree? Podría salir subnormal...

Conchi se da cuenta de que Manolo la está escuchando.

Conchi – Mire, estoy trabajando ahora, pero si puede pasar por aquí… El Bar Manolo, ¿le va? Frente al cementerio... Eso es. (Sugerente) Pues, hasta luego, entonces...

Conchi cuelga y deja su móvil en la barra. Manolo, suspicaz, está comprobando la raya que marcó en la etiqueta de la botella de coñac.

Conchi – No hemos visto a Pepe esta mañana. Qué raro, ¿no?

Manolo – No ha venido a echar su primitiva... Debe estar enfermo.

Conchi – Hace tanto tiempo que apuesta a su número de la seguridad social... Imagínate que saliese justo cuando no lo hubiese echado...

Manolo señala la página de su periódico a Conchi.

Manolo – ¡Hablando de la primitiva…! ¡Mira...!

Conchi – ¿Qué?

Manolo – ¡El pleno! El ganador selló su boleto aquí.

Conchi – No me digas…

Manolo – ¡Lo dice el periódico! ¡75 millones!

Conchi – ¿De pesetas?

Manolo – ¡De euros! Imagínate lo que puede hacer uno con 75 millones de euros...

Aparentemente, Conchi no puede imaginarlo.

Manolo – ¡Seguro que lo conocemos...!

Conchi – A lo mejor es soltero...

Manolo – ¿Quién sabe...? A veces, los ganadores prefieren permanecer en el anonimato...

Manolo se sirve una copa de coñac.

Conchi – Como los alcohólicos...

Manolo se bebe su coñac, antes de tocarse la barriga.

Manolo – No sé qué tendrá este coñac, no me sienta bien. Me duele la barriga.

Conchi – ¡Qué va! Es el estrés. Ya verás, cuando te jubiles ya no tendrás dolor de barriga.

Manolo – Claro... Y cuando me muera no tendré dolor en ningún sitio...

Traza otra raya en la etiqueta de la botella.

Conchi – Bueno, yo me voy a comprar.

Conchi sale. Su móvil, olvidado en la barra, suena.

Manolo (suspirando) – Se ha dejado el teléfono... ¡Joder...!

Después de una o dos tentativas infructuosas, consigue coger la llamada.

Manolo (poco amable) – ¡Dígame! No, no soy Conchi, soy Manolo... ¿De parte de quién? ¿Jesús? ¿Qué anuncio? ¿La revista de caza...? ¡Ah!, no, bueno, sí... Espere un momento. Este móvil no es mío, y... (Mirando el teléfono) ¡Coño! Ha colgado...

Manolo vuelve a dejar el teléfono en la barra.

Entran dos empleados de funeraria, con trajes negros y gafas de sol.

Manolo – ¡Anda! Aquí vienen los Blues Brothers. ¿Cómo anda el negocio?

Paco – La gente ya ni respeta las tradiciones. Hasta los funerales llevan retraso. Por lo menos, nos da tiempo para tomar algo. (Echa un vistazo por la ventana.) Aunque tengo que echar un ojo al coche fúnebre.

Luis – ¡Faltaría más que nos lo robaran mientras tenemos un cliente dentro!

Paco – Bueno, Manolo, ¿estás dormido o qué?

Manolo – No me digas que tu cliente tiene prisa... ¿Qué os pongo?

Paco – Pues lo de siempre. (Con una segunda intención) Equipo que gana no se cambia, ¿verdad?

Manolo le sirve una copa, pero no contesta.

Paco (insistiendo, con ironía) – ¿Viste el partido ayer?

Manolo – Bueno, el segundo no valía...

Paco (escandalizado) – ¿Cómo que no valía?

Manolo – Fuera de juego.

Paco – ¿Fuera de juego?

Conchi vuelve con la compra.

Manolo (a Conchi) – ¿A que el segundo era fuera de juego?

Conchi – Ahora que hasta los árbitros se han convertido en hombres–anuncio...

Los empleados de la funeraria la miran sin entender.

Conchi – ¿Qué llevaba en la camiseta el árbitro ése?

Paco – Pues... "Rasca y Gana"...

Conchi - Ya ves...

Paco se encoge de hombros.

Luis - ¿ No era "Stop Accidente", lo de la campaña de Tráfico ?

Paco y Luis se toman sus copas.

Luis – ¿Sabes? Nosotros sí que hemos estado a punto de tener un accidente. Se me había olvidado cerrar bien el portón trasero del coche. Y al pasar por unas obras, viniendo hacia aquí, a poco perdemos el ataúd en la autopista...

Manolo (la cara iluminada) – ¡Autopista! ¡Empieza por una A!

Manolo vuelve con precipitación a su crucigrama, bajo la mirada estupefacta de los demás.

Manolo (decepcionado) – Joder... Tiene demasiadas letras...

Conchi sale hacia la cocina con su compra.
Paco intenta atraer la atención de Manolo hacia su copa vacía.

Paco (mirando los pies de Manolo) – Muy bonitos tus calcetines... ¿Los hacen también para hombres?

Encogiéndose de hombros, Manolo llena otra vez los vasos de los empleados de la funeraria.

Luis – Hop, hop, hop... Vale, vale, vale... Ya hay bastantes muertos en las carreteras...

Paco – Bueno, a nuestros clientes ya no les puede pasar nada grave... (Toma su copa) Aunque... fíjate, el mes pasado incineramos a la señora López...

Manolo – ¿Qué López?

Paco – La que su marido tenía una tienda de bromas… Murió de un infarto...

Manolo – ¡Ah!, sí...

Paco – Pues el marido no ha estado viudo mucho tiempo…

Manolo – ¿Ya se ha vuelto a casar?

Paco – Cáncer de páncreas... Lo enterramos la semana pasada.

Luis (a Manolo) – Ya ves. Era más joven que tú.

Manolo – No existe la justicia…

Luis (suspirando) – Así es la vida…

Paco – Sea lo que sea, el marido se olvidó de avisarnos antes de la incineración de que su mujer llevaba un marcapasos. Resulta que en medio de la ceremonia, ¡bum!, la pila de litio explota con el calor... La puerta del horno salió disparada contra la pared.

Luis – Suerte que no había nadie delante.

Paco – No te cuento cómo se puso la familia. Sin hablar de la señora López, claro. Bueno, al final nadie resultó herido, afortunadamente... Pero nos va costar un huevo.

Luis – Un aparato de ésos es bastante más caro que un horno para pizzas…

Manolo – Pues no me imaginaba que su oficio fuera tan peligroso...

Los dos empleados toman sus copas.

Manolo – Me extraña no haber visto a Pepe...

Paco – ¿Pepe? ¡Si acabo de verle en un coche de lujo...!

Manolo (estupefacto) – ¿Será él al que le ha tocado el gordo?

Paco – Pues, en cierto modo sí... Ha muerto. ¡Es el que va en nuestro coche fúnebre!

Manolo – No me digas...

Luis – Cirrosis.

Manolo – ¿Pepe?  Pobrecito... Si le vi hace tres días. Cuando vino a echar su primitiva, como siempre... Y mira que le podría haber tocado: soy yo quien selló el boleto con el premio de esta semana.

Conchi sale de la cocina.

Conchi – ¿Y si era él...?

Manolo – ¿El qué?

Conchi – ¡El ganador! No ha aparecido... Tendría un buen motivo para no aparecer...

Manolo – Es muy fácil de saber: siempre jugaba su número de la Seguridad Social...

Busca en el periódico el resultado de la primitiva.

Manolo – 1, 25, 12, 37, 39 y 16, y el número complementario el 9...

Conchi – Vale. ¿Y cuál era el número de la Seguridad Social de Pepe?

Los demás hacen gesto de no saber.

Manolo – ¡La suerte que tendría, el muy cabrón! 75 millones de euros...

Paco – No sé si ya ha llegado el euro allí adonde va...

Manolo – Lo digo por sus herederos. Que si no... no les va a dejar mucho.

Conchi – Aparte de un montón de botellas vacías...

Luis – ¿Que harías tú, Manolo, si te tocara la primitiva?

Manolo – Os pagaría una ronda... Pero no juego.

Conchi – Si me tocara el gordo, haría un viaje a la luna.

Los demás la miran, pasmados.

Conchi – Venía en el periódico: ahora los millonarios pueden pagarse un viaje en cohete.

Luis – Me recuerda lo que le decía mi madre a mi padre, que era comunista: «Cuando pongan a los gilipollas en órbita, entonces sí que harás muchas revoluciones».

Paco – Vamos, Manolo, una copita para celebrarlo.

Manolo – ¿Celebrar qué?

Paco hace un gesto para significar que no importa. Manolo llena los vasos otra vez. Entra Blanca, con un pañuelo cubriéndole la cabeza. Sin decir nada, coloca unas figuras pequeñas en la barra. Los demás la miran, sin saber cómo reaccionar. Blanca pone un papelito en la barra. Conchi se inclina para leerlo.

Manolo – ¿Qué pone?

Conchi – Que si compramos cuatro, el quinto es gratis...

Paco (considerando las estatuas) – ¿Qué coño es esto?

Luis – ¿No son los siete enanitos?

Conchi – ¡Pero si sólo son cinco!

Manolo – Son muy pequeños para ser enanos, ¿no?

Luis (lleno de compasión) – Bueno... Si compramos dos cada uno...

Manolo – ¿Qué coño vamos a hacer con dos enanos cada uno?

Conchi – Sí. Además, sólo son cinco...

Manolo (en voz alta, a Blanca) – No, gracias, ya tenemos todo lo que necesitamos.

Conchi – ¿Para qué gritas? Si es sorda…

Blanca recoge sus estatuas, enfadada.

Manolo – No estoy gritando. Ar-ti-cu-lo. Para que pueda leer en mis labios...

Blanca se va. Antes de salir, se da la vuelta.

Blanca – ¡Enanos!

Sale. Los demás se quedan parados.

Paco – Por lo menos, no es muda...

Manolo – Mira. Casi nos apiadamos.

Conchi (pensativa) – Me recuerda una historia...

Manolo – Blancanieves...

Conchi – No, un libro que acabo de leer.

Saca un libro, tipo novela rosa, y lo pone en la barra.

Conchi – Se titula «Una mujer es una mujer».

Manolo – ¡No me digas...!

Conchi – Pasa en Florida. Es la historia de una joven millonaria americana, sordomuda, que se enamora de un seminarista francés de misión en Miami... La pobrecita está fatal porque no sabe cómo confesarle su amor...

Manolo – Porque es seminarista...

Conchi – Sí... Y además porque ella es muda. Por su lado, él también está enamorado de ella, pero no sabe cómo hacerle entender...

Luis – Porque es tímido...

Conchi – Bueno, sí... Y además porque ella es sorda.

Manolo – ¿No podía ella leer los labios?

Conchi – Sí... El problema es que él sólo habla en francés, y ella, pues, sólo sabe leer los labios en inglés, porque es americana...

Paco (un poco perdido) – Claro...

Conchi – Para darle una sorpresa, él aprende en secreto el lenguaje de signos...

Manolo – Y el inglés...

Conchi – El día de San Valentín, la invita a cenar en un restaurante de lujo para declararle su amor.

Paco (apasionado) – ¿Y qué?

Conchi – Pues, de la emoción, ella recobra la voz y el oído.

Manolo – O sea, que él se había jodido a aprender el lenguaje de signos para nada...

Conchi – ¡No! Porque después los dos deciden abrir una escuela para sordomudos...

Luis (preocupado) – ¿Pero se casan?

Conchi – Claro.

Manolo – Pero si es seminarista...

Conchi – Al final, él se hace protestante para poder casarse con ella...

Silencio, durante el que todos reflexionan sobre esta emocionante historia.

Conchi – Bueno, pues yo tengo que volver a mi cocina...

Conchi sale. Los empleados toman sus copas. Manolo vuelve a su periódico.

Manolo (leyendo) – El tabaco mata también a los no fumadores... ¿Para qué dejar de fumar, entonces...?

Paco – Hablando de eso, ¿sabes lo que me ha preguntado mi hija, esta mañana, mientras la llevaba a la escuela en el coche fúnebre?

Manolo – ¿Llevas a tu hija a la escuela en ese coche?

Paco – ¿Y qué? Es un vehiculo de trabajo. Como si llevase la de “La Casa del Congelado”... (Enfadándose) Bueno, ¿sabes lo que me ha preguntado?

Manolo – No.

Paco – ¿Adónde va uno cuando ha muerto...?

Manolo – ¿Y qué  le has contestado?

Paco – ¿Tú qué crees?

Manolo – No sé.

Paco – Pues eso. Le he contestado que no lo sé.

Manolo – ¿Y qué?

Paco – Pues que me ha dicho: “pero, papá, ¡cuando uno ha muerto, va al cementerio!”.

Manolo le mira, desconcertado.

Manolo – Claro, con el oficio que tienes, le ha sorprendido que no lo sepas.

Paco – ¿Dónde va uno cuando ha muerto...? Si ni siquiera sabemos adónde vamos cuando vivimos...

Manolo llena de nuevo los vasos, y nota que la botella esta vacía al servir a Paco.

Manolo – Ya no queda. Con todo lo que os sopláis. Bueno, bajo a por más.

Mientras Manolo baja al sótano, Paco echa un vistazo al periódico.

Luis (leyendo) – Violada por su suegro el día de su boda, se tira al tren en el que iba a salir en luna de miel y provoca un terrible descarrilamiento...

Paco – No será mañana cuando nos veamos en el paro...

Conchi vuelve a limpiar la barra.

Manolo – ¡Dios mío!

Manolo vuelve del sótano.

Manolo – ¡Son las Cataratas del Niágara lo que hay aquí abajo!

Luis – ¿En el sótano...?

Manolo – Ha debido reventar una cañería... Voy a cortar el agua.

Manolo se dirige al contador.

Conchi – Sí, ¿pero qué hago yo ahora? Sin agua...

Conchi vuelve a su cocina.

Paco – ¿Y nosotros? Sin vino...

Manolo – Bueno, voy a llamar al fontanero... Me queda coñac...

Manolo sirve coñac a los empleados de la funeraria. Luis lo prueba primero.

Luis – Sabe a agua...

Manolo mira en las páginas amarillas.
Luis echa una mirada al periódico.

Manolo (leyendo en el listín de teléfonos) – Da Silva, Dos Santos, Da Costa...

Luis (leyendo en el periódico) – Los españoles hacen el amor cada tres días... (Pensativo) Joder...

Manolo marca el número.
Conchi sale otra vez de su cocina.

Conchi – ¿Y qué? ¿Viene ese fontanero o no?

Manolo (llamando) – No contesta...

Conchi – Bueno, voy a aprovechar para ir a la panadería...

Luis – ¿Sabías que los españoles follan cada tres días?

Conchi (irónica) – ¿Y las españolas?

Luis (mirando en el periódico) – Pues, no lo pone.

Manolo – ¡Coño! Voy a llamarle al móvil...

Conchi – ¡Cada tres días...! En sueños, quizás...

Conchi sale a por el pan.
Manolo marca el nuevo número.

Luis – Es un promedio...

Paco – La última vez que tú lo hiciste fue el siglo pasado... ¿Te imaginas lo que tienen que hacer otros para mantener el promedio?

Manolo – Ah, por fin... ¿Oiga? Le oigo muy mal... ¿Está en el coche, verdad? Bueno, es sólo un minuto. Es para un reventón, en el sótano... Sí, en el Bar Manolo... Frente al cementerio. ¡El cementerio...! ¿Me oye...? ¡No, enfrente! ¡Enfrente! ¿Oiga…?

En este momento, se oye el ruido de un coche frenando, y luego estrellándose. Los empleados miran hacia afuera.

Paco – ¡Dios mío!

Manolo (colgando) – ¡Coño! Ya no contesta...

Luis – Pues es el primer ataúd que veo volar...

Los empleados salen precipitadamente. Manolo va a echar un vistazo por la ventana.

Manolo – ¡Uyyy!... Pobre Pepe... Menos mal que está muerto...

Jesús entra, en mono, dando el brazo a Blanca. La vieja ya no lleva el pañuelo en la cabeza y Manolo no la reconoce.

Blanca – ¿Le tocó el permiso de conducir en la lotería o qué? A poco me mata...

Jesús – ¡Pero si se me ha echado encima! (A Manolo) Lo ha visto todo, ¿verdad? Ha cruzado la calle como una loca…

Blanca – No sabe conducir... y ahora me trata de loca.

Manolo (a Blanca) – Siéntese un momento…

Jesús (a Manolo) – Podría darle algo un poquito fuerte, para reanimarla...

Manolo le sirve a Blanca una copa de coñac. La vieja se lo bebe de un trago.

Blanca – ¡Sabe a agua, este coñac!

Manolo llena de nuevo la copa. Ella lo bebe de un trago otra vez.

Blanca – Todavía me siento muy débil...

Manolo – Ya basta.

Jesús – Pero no tiene nada. Ni siquiera la he tocado. Mi furgoneta, al revés...

Blanca – Casi me mata, y él se preocupa de su chatarra...

Jesús – Pues antes de ser chatarra, era una furgoneta nueva. (A Manolo) ¿Y para el parte del accidente, qué? ¿Sabe dónde están los de la funeraria?

Pero Manolo se preocupa de la vieja.

Manolo – ¿Cómo está la abuelita?

Blanca (picada) – No soy su abuelita...

Manolo (a Jesús) – Tenemos que avisar a la familia, que vengan a recogerla. (A Blanca) ¿Quiere que llamemos a sus hijos?

Blanca (mirándole) – ¿Hijos? No sé si tengo...

Manolo – ¿No sabe?

Blanca – Pues, si tengo, no sé qué hice con ellos.

Manolo – ¿Pero cuál es su apellido?

Blanca – ¿Y a usted qué le importa? ¿Es de la policía?

Manolo – ¿Está casada?

Blanca – ¿Casada? Claro, iba a ver a mi marido al cementerio cuando este cabrón me atropelló con su furgoneta.

Manolo – Y su marido, ¿dónde está?

Blanca – ¿Mi marido? ¡Pues muerto!

Manolo – ¿En el accidente?

Blanca – ¿Qué accidente...?

Jesús (perdiendo la paciencia) – Bueno. Ya que nadie está herido, no hace falta que yo me quede aquí...

Manolo – Espera un momento. Me la traes aquí después de atropellarla, no te vas a ir así como si tal cosa. O, si no, te la llevas. Ya tengo un reventón en el sótano...

Jesús – Muy bien. ¿Qué hacemos entonces?

Manolo (a Blanca) – ¿Qué pone en la tumba de su marido?

Blanca – Pues... “Descanse en paz”, si mal no recuerdo.

Manolo – No, el apellido: ¿qué apellido pone?

Blanca indica que no lo sabe.

Manolo – Está en estado de shock... Espera un poco, ya verás cómo se va acordar... (A Blanca) Concéntrese… ¿Por qué letra empieza su apellido?

Blanca – ¿Y el suyo? ¿Empieza por una c, con cuatro letras?

Manolo (perdiendo la paciencia) – Empieza a joderme la vieja esta.

Jesús – Parece un poco despistada, ¿no? A lo mejor se ha escapado de un manicomio...

Blanca hace muecas como si estuviese loca.

Jesús – A menos que esté borracha...

Manolo – ¿Borracha?

Jesús – Con todo el coñac que le has servido...

Manolo – ¡Anda! Ahora va ser culpa mía. (Suspicaz) Aunque, habitualmente, no es a las victimas a las que hacen soplar... ¿Quieres que llame a la policía?

Jesús (conciliador) – Bueno, no es necesario molestar a la policía. Dejamos a la anciana descansar un ratito. Y yo voy a ver si puedo arrancar la furgoneta. Si no, tendré que llamar a la grúa...

Jesús sale. Los empleados de la funeraria  vuelven con el ataúd sobre los hombros.

Manolo – ¿Pero qué coño es esto?

Paco – ¡Es Pepe! Pobrecito, no podíamos dejarlo así en medio de la calle...

Blanca se vuelve hacia el ataúd.

Blanca – ¿Pepe...?

Los empleados ponen el ataúd encima de la barra. Paco coge el móvil olvidado por Conchi.

Paco – ¿Me permites llamar a la oficina?

Manolo – Bueno… Es el móvil de Conchi.

Paco marca el número.

Paco – ¡Joder! No contestan. Se habrán ido a comer...

Deja el teléfono en la barra.

Paco – Pues tenemos que arreglar esto en alguna parte. La tapa esta rota. Tenemos que cambiarla.

Manolo – ¿Aquí?

Paco – Así no haría falta aplazar la ceremonia. La familia ha ido a la floristería... Es cosa de un cuarto de hora, como máximo... Es sólo ir a recoger una tapa nueva y volver. Estoy seguro de que le hubiera hecho muy feliz pasar un último rato con vosotros aquí... ¿Dónde podemos dejarlo para que no moleste...?

Manolo (reticente) – El sótano ya esta inundado. Así que, aparte de la cocina...

Tomándolo como una proposición, los empleados se llevan el ataúd hacia la cocina, bajo la mirada espantada de Manolo.

Blanca – ¿No sería mi marido, no?

Manolo entra hacia la cocina, preocupado. Blanca les sigue también, pero se detiene cuando suena el móvil de Conchi. Blanca coge el teléfono y contesta.

Blanca – ¿Sí…? ¿Que si me puede llamar Conchi? Si le gusta… Bueno, más bien viuda... Precisamente iba a enterrar a mi marido… está en la cocina. ¿Mi edad...? Más cerca de ochenta que de veinte… ¿Que no tiene nada contra los viejos…? (La sonrisa de Blanca desaparece) Ha colgado. ¡Será maleducado...!

Blanca continúa hacia la cocina con el móvil en la mano. Los otros vuelven sin el ataúd. Silvia y Leticia llegan, enloquecidas.

Silvia – ¿Pero qué pasó con papá?

Paco – Pues hubo... un pequeño accidente de circulación.

Leticia – Pensaba que había muerto de cirrosis...

Paco – Puedo explicárselo. Todo se va a arreglar...

Los empleados de la funeraria hacen un aparte con Silvia y le dan explicaciones en voz baja. Carlos vuelve, buscando a Leticia.

Carlos – ¿Hablaste con tu madre...?

Leticia – Está intentando enterrar a su padre. No sé si es el mejor momento para anunciarle que su hija está embarazada...

Manolo – Los unos se van, los otros llegan. ¡El gran ciclo de la vida...!

Carlos – Tú sí que deberías haber sido profesor de filosofía

Carlos se vuelve hacia Leticia.

Carlos – No entiendo... ¿Cómo ocurrió?

Leticia – ¿No tienes ni la menor idea?

Carlos – Perdona, yo...

Leticia mira con desprecio a Carlos, totalmente despistado.

Leticia – No te preocupes, era una broma.

Carlos – ¿Una broma?

Leticia – ¡La prueba de embarazo! La he hecho, pero es negativa...

Carlos saca la prueba de su bolsillo y la mira. Manolo se aproxima, y confirma.

Manolo – Ah, sí, ¿ves...? (Explicándole a Carlos) Aquí tendría que haber una...

Carlos le mira, enfadado.

Leticia – Es hora de que madures un poco, Carlos...

Silvia y Leticia se van.

Carlos – Creo que voy a tomar otra copita...

Manolo le sirve. Carlos bebe su copa de un trago.

Carlos – Sabe a agua, este coñac...

Carlos se dirige hacia el lavabo y se cruza con Blanca, que sale de la cocina. Manolo le echa una mirada sospechosa.

Blanca (para ella misma) – ¿No tenía yo un teléfono en la mano...?

Jesús vuelve.

Jesús (enfadado) – Nunca vamos a poder firmar el parte del accidente. ¿Dónde se habrán metido los de la funeraria...? Es que tengo una caldera que instalar...

Manolo – ¿Tú eres fontanero?

Jesús – Pues, sí...

Manolo – ¿Cómo te llamas?

Jesús – Jesús...

Manolo – ¡Entonces eres el que estaba esperando! (Señalándole la dirección) Está aquí abajo...

Jesús (sin entusiasmo) – ¿De qué se trata?

Manolo – Se ha jodido algún tubo. Un verdadero reventón...

El fontanero se aproxima para mirar, dejando su manojo de llaves en la barra.

Jesús – ¡Dios mío!

Manolo (preocupado) – ¿Pero vas a poder hacer algo, verdad? No sé, hacer un torniquete de urgencia o algo...

Jesús – Pues no soy un hombre–rana. Soy fontanero...

Manolo – Bueno, ¿y qué hago yo?

Jesús – Siempre puedes llamar a los bomberos... O esperar a que se evapore.

Manolo – Es que ya no tenemos agua.

Jesús (irónico) – ¡Pero si tienes una piscina en el sótano...! (Viendo que Manolo no lo encuentra divertido) Bueno, por lo menos voy a cortar el agua abajo.

Manolo – ¿Por qué estas cosas me pasan siempre a mí?

Jesús (arreglando algo en el sótano) – No es que te pasen siempre a ti, sino que cuando les pasan a los demás, te importa un pepino...

Carlos sale del lavabo.

Carlos – Hay un cadáver en la mesa de la cocina...

Manolo (preocupado por otra cosa) – No te preocupes, es sólo para echar una mano...

El fontanero vuelve a subir.

Manolo – ¿Ya está?

Jesús – Sí. Llámame cuando no quede agua en el sótano, para que haga la reparación.

Manolo – Bueno, ¿qué te debo?

Jesús – 100 euros.

Manolo (escandalizado) – ¡100 euros por 5 minutos de trabajo!

Jesús – Es precio fijo. ¿Quieres ver la lista de precios?

Manolo – Me hubiera gustado verla antes...

Manolo coge unos billetes de su caja y se los da al fontanero.

Manolo – Y pensar que un médico te cobra cinco veces menos por una visita a domicilio...

Jesús (cogiendo los billetes) – Pues la próxima vez llama al médico. ¿Se puede comer algo? Ya que estoy aquí...

Manolo – La cocinera no está... Solo tenemos carne fría en la cocina...

Jesús no insiste.

Jesús (yéndose) – Bueno, pues tengo que irme. Dejo aquí la tarjeta para el atestado del accidente.

Sale el fontanero, que se cruza con Conchi, quien vuelve con varias barras de pan.

Conchi – ¿Ya han arreglado la fuga?

Manolo – Por lo menos tenemos agua.

Conchi – ¡Menos mal...! Es que voy con retraso, con todo esto.

Conchi desaparece en la cocina. En seguida, se le oye gritar.

Manolo – ¡Ay!, se me olvidó avisarle lo de Pepe...

Blanca (intrigada) – ¿Pepe...?

Manolo va a la cocina. Vuelve sosteniendo a Conchi por el brazo.

Manolo – Dijo un cuarto de hora, ya no tardará mucho. Siéntate un rato...

Manolo ve las llaves olvidadas por el fontanero en la barra.

Manolo (mostrando júbilo) – ¡Se ha olvidado las llaves, el muy cabrón!

Conchi (despistada) – ¿Quién?

Manolo – ¡El fontanero ése! Pues a ver si llama a un cerrajero tan ladrón como él, el maricón.

Conchi (pensativa)  – ¿Qué habrá hecho con eso...?

Manolo – ¡Si acabo de decirte que se las ha olvidado en la barra, el muy cabrón!

Conchi – No, digo Pepe. ¿Dónde habrá dejado el boleto ganador...?

Manolo (pensativo)  – Fíjate... ¡El pleno...!

Conchi – A lo mejor, todavía lo tiene en el bolsillo...

Los dos miran hacia la cocina. Blanca también. Silencio. El fontanero vuelve, con cara preocupada.

Jesús – No sé qué he hecho con las llaves. ¿No las habrán visto, por casualidad?

Manolo (sonriendo con satisfacción) – Pues... ¿Qué llaves eran?

Jesús – Bueno... Las llaves del coche, de casa, de la oficina...

Manolo – ¿Quieres que te llame a un cerrajero?

Jesús – A lo mejor las encontramos, ¿no...?

Manolo da la vuelta y coge las llaves.

Manolo (enseñando la llaves) – ¿No serán éstas, por casualidad?

Jesús (aliviado) – ¡Sí!

Manolo finge dejar caer accidentalmente las llaves en el sótano lleno de agua.

Manolo – ¡Dios mío! Se me han escapado. ¡Han caído en el sótano!

Cara desilusionada del fontanero.

Manolo – Madre mía... Pues todavía hay más de un metro de agua ahí abajo. Tendremos que esperar a que se evapore...

Jesús – A lo mejor puedo arreglar eso. Tengo una bomba en la furgoneta.

Manolo – ¡No me digas! Pues ahora, por lo menos, sabes dónde están las llaves...

El fontanero se dirige hacia la puerta para ir a buscar la bomba.

Manolo – Está incluido en el precio, claro…

El fontanero acepta con un gesto y sale. En seguida, Manolo, con una sonrisa, enseña las llaves que, en realidad, ha guardado.

Blanca va a mirar hacia la cocina. Manolo lo nota.

Manolo (sospechoso) – ¿Busca algo?

Blanca – Déme una de ésas de rasca y gana...

Manolo espera el dinero antes de darle la tarjeta.

Manolo – Un euro.

Blanca hace como si buscara el dinero en su bolsillo. Luego se dirige hacia Carlos. Él sigue impasible, pero ella se anima.

Blanca – ¡Será posible! ¿Te acuerdas?

Carlos (inquieto) – No...

Blanca (traviesa) – ¡Cómo que no!

Carlos – Bueno, quizás...

Blanca – ¿Qué haces aquí, hombre?

Carlos – Pues, nada...

Blanca – Es increíble. Todavía pareces más joven...

Carlos – Gracias...

Blanca – ¿Y tu hermana?

Carlos – ¿Mi hermana...? Pues, no tengo...

Blanca – ¡Claro...! Yo tampoco. Por lo que recuerdo. Tenía un marido, pero tuvo un accidente. Afortunadamente, ya estaba muerto...

Manolo empieza a perder la paciencia, con la tarjeta en la mano.

Manolo – Bueno... ¿Lo compra o no?

Blanca (a Carlos) – ¿Me podrías ayudar con un euro? No sé qué he hecho con mi monedero.

Carlos pone una moneda en la barra. Manolo la coge y da el rasca y gana a Blanca.

Blanca – ¡Bueno, pues gracias, Ignacio!

Carlos – De nada.

Blanca se aparta, rascando su tarjeta.

Carlos – ¿Ignacio?

Conchi busca algo en la barra.

Manolo – ¿Tú también has perdido algo?

Conchi – El móvil...

Manolo – Estaba aquí en la barra hace cinco minutos...

Conchi – ¿Dónde se habrá metido...?

Manolo busca también. Blanca aprovecha la ocasión para dirigirse hacia la cocina.

Manolo (a Conchi) – A propósito, alguien ha llamado preguntando por ti hace un rato... En el móvil ése...

Conchi (preocupada) – ¿Y has contestado?

Manolo – Pues, sí...

Conchi – ¿Y qué...?

Manolo – Era un tal... Javier… o José...

Conchi – ¿Jesús?

Manolo – ¡Eso!

Conchi – ¿Y qué ha dicho?

Manolo – Pues... Le ha sorprendido un poco que descolgase yo, claro, y... Pues dijo que al final no podría estar en la cita ésa...

Conchi, enfadada, vuelve a leer su novela sentimental.

Manolo (suspirando) – Lo que es hacer un favor a la gente...

Silvia y Leticia vuelven, con una corona fúnebre con la inscripción: “Muerto por la Patria”. Carlos hace señas a Leticia, quien le ignora.

Silvia – Es increíble... Hasta los muertos tienen accidentes... Seguro que estaba hablando por teléfono...

Leticia – ¿Quién?

Silvia – ¡El fontanero ése!

Vuelven a sentarse. Leticia echa una mirada a la corona.

Leticia – “Muerto por la Patria”... Parece un poco exagerado, ¿no...?

Silvia – Sólo quedaba ésta... Mejor que nada... (Suspirando) Sea como sea, te lo aseguro, cuando me muera quiero que me entierren con el móvil...

Leticia – ¿Por qué?

Silvia – ¡Por si no he muerto de verdad! Es mi obsesión, que me entierren viva. ¿Tú no?

Leticia – No debe ocurrir muy a menudo...

Silvia – ¡Y a mí qué me importa! Si me toca a mí...

Silvia nota la presencia de Carlos, que sigue haciendo señas a Leticia para que le llame por teléfono.

Silvia – Dime, Carlos, tú que eres filósofo: ¿habrá una vida antes de la muerte?

Carlos – Querrás decir “después”...

Silvia – Aparte del caso de que te entierren viva...

Carlos – Bueno, no sé si realmente es algo deseable... Como dice la heroína de mi última novela: “Aunque uno sea sordo y mudo de vivo, una vez muerto quizás sea peor...”.

Esta última sentencia llama la atención de Conchi.

Conchi – ¡Pero si eso sale igual en “Una mujer es una mujer”! ¡Es lo que dice Michael a Samantha cuando ella esta a punto de tirarse por el acantilado! ¡Tú tienes que ser Barbara Shetland!

Estupefacción de Silvia y Leticia.

Carlos – Bueno, a veces, sí... Pero... preferiría que eso siga siendo confidencial...

Conchi – Me he tragado tu novela en una noche. Como todas las otras, la verdad... Precisamente, estaba releyéndola, por si me hubiera perdido algo… ¿Me la dedicas?

Carlos – ¡Cómo no...!

Conchi – ¡Gracias! Si hubiese sabido que Barbara Shetland era un hombre... ¿Eres un hombre, verdad?

Carlos – Sólo trato de aportar a las mujeres la parte de romance que les falta en su vida cotidiana...

Manolo echa un vistazo a la portada, más bien caliente, del libro.

Manolo – No me digas...

Carlos – Primero intenté escribir tragedias, pero... desafortunadamente, el teatro no forma parte de la nueva economía. Ni siquiera formaba parte de la antigua...

Manolo está mirando todavía la portada.

Carlos (a Manolo) – Quieres que te dedique también un ejemplar...

Manolo – Visto el efecto sobre tus lectoras, empieza a tentarme. En fin, como dices, “Una mujer es una mujer”...

Carlos intenta salir discretamente.

Carlos – Bueno... La compañía es muy grata, pero tengo que ir a clase...

Leticia – Hasta luego... Barbara...

Carlos sale. Manolo vuelve a su crucigrama. Blanca regresa discretamente de la cocina.

Manolo (pensativo) – Siempre está en obras... Empieza por A...

Blanca – ¡Actriz!

Manolo (enfadado) – ¡No le he preguntado nada, a usted!

Blanca – Siempre está en obras... Actriz. Está siempre en obras. Y pasados los cincuenta, todavía más... Empieza por A.

Manolo continúa en su periódico. Silvia y Leticia descubren a Blanca.

Manolo – ¡Siete letras!

Blanca – Como los siete enanitos...

Manolo – ¡O como los siete números de la primitiva!

Manolo continúa en su crucigrama.

Silvia (aproximándose a Blanca) –  ¡Mamá! ¿Pero qué haces aquí?

Blanca – ¡Pues vengo al funeral! (A Manolo) ¿Quién es esta loca?

Manolo (a Silvia) – ¿Así que es su madre? Enhorabuena... Ya no sabíamos qué hacer con ella... (En voz baja) Está un poco ida, ¿verdad?

Silvia – Digamos que su memoria es selectiva... Conoce muy bien el número de seguridad social de su marido...

Blanca – 1 25 12 37 039 016 y el número clave el 9...

Silvia – Aunque, habitualmente, no se acuerda de que tiene un marido... Bueno, ahora ya no importa tanto: está muerto...

Manolo mira en el periódico el sorteo de la primitiva.

Manolo (a Blanca) – ¿Cuál dice que era el número de seguridad social de su marido?

Blanca – 1 25 12 37 039 016.

Manolo –  Y el complementario el 9... (Manolo enseña el número del sorteo) ¡Ganó! ¡Joder! ¡Es él el que acertó el pleno!

Silvia mira a Manolo inquieta, empezando a preguntarse si no ha acabado en un manicomio.

Manolo (incrédulo) – ¡Pepe...! ¡Ese cabrón…!

Los de la funeraria vuelven con la tapa nueva del ataúd.

Paco – Aquí estamos. Vamos a arreglar esto en seguida.

Manolo llama discretamente a Paco.

Manolo – ¿Podemos hablar un momento antes de cerrar la caja...?

Manolo toma a Paco y a Luis aparte y les habla en voz baja.

Paco – Pues... Es un poco delicado...

Luis – Es que no estamos autorizados a hurgar en los bolsillos de nuestros clientes...

Manolo – Por lo menos, podéis tratarlo con la familia. Hablamos del pleno, aquí...

Silvia (inquieta) – ¿Pero qué pasa ahora...?

Paco – Es un poco delicado...

Leticia – Creo que ahora, ya, lo que se dice delicadeza...

En voz baja, Paco expone la situación a Silvia.

Silvia – No, no hemos encontrado nada...

Paco prosigue sus explicaciones.

Leticia – ¡Dios mío!

Silvia (excitada) – ¿El gordo?

Paco – Unos 75 millones... No cuesta nada echar un vistazo mientras está en la mesa de la cocina.

Luis – Después será más complicado...

Silvia y Leticia aceptan. Los empleados se dirigen hacia la cocina. Silvia y Leticia les esperan, muy ilusionadas...

Leticia – ¿Sabías que jugaba a la primitiva...?

Silvia – Pues no... ¡Fíjate! Si de verdad ha ganado una vez muerto, ¡qué suerte...!, digo, ¡que pena!

Los empleados vuelven con el ataúd sobre los hombros.

Silvia (muy excitada) – ¿Qué…?

Leticia le echa una mirada de reprobación, señalándole el ataúd.

Silvia (con cara de circunstancia) – ¿Pues qué...?

Colocan el ataúd sobre la barra, con mucha ceremonia.

Silvia (desilusionada) –  ¿Han buscado por todas partes?

Como lo haría un ilusionista, Paco saca un boleto de su bolsillo.

Silvia (cogiendo el boleto, loca de alegría) – ¿El gordo? ¡75 millones de euros! ¡Más de 10 mil millones de pesetas! (A Manolo) Nunca he jugado a la primitiva. ¿Sabe qué hay que hacer para cobrar el dinero?

Manolo – 10 mil millones de pesetas... Tendrá que ir a la sede. Yo no tengo tanto dinero en caja... ¿Puedo verlo? Soy yo quien se lo sellé a Pepe...

Silvia le muestra el boleto con mucha precaución, como si se tratase del santo Sacramento.

Silvia – ¡Querido papá! Y pensar que casi rehusamos la herencia...

Manolo mira el boleto, y su sonrisa desaparece.

Manolo – ¡Me cago en la hostia!

Silvia (inquieta) – ¿Qué?

Manolo – No es un boleto de primitiva...

Silvia – ¿Cómo?

Manolo – Es una tarjeta de rasca y gana...

Leticia – ¿Y qué…?

Manolo rasca la tarjeta. Todos esperan el resultado.

Manolo (entusiasta) – ¡Han ganado...!

Silvia continúa esperando.

Silvia – ¿Cuánto?

Manolo (mirando de nuevo) – Un euro. Al menos podéis comprar otro.

Silvia – Pues dame otro.

Manolo le da otra tarjeta. Silvia rasca como una loca.

Silvia – Nada...

Silvia queda hundida.

Silvia – Era demasiado... No podía ser...

Leticia – Ya sabía yo que él no era un ganador...

Silencio.

Manolo – ¿Pero, entonces, dónde está el boleto de la primitiva? ¡Si yo mismo lo sellé!

Conchi – ¿Crees que alguien podría haberle robado?

Manolo – Robar a un cadáver... ¿Quién podría hacer algo semejante?

Las miradas, sospechosas, se dirigen primero a los empleados de la funeraria, quienes niegan, y después hacia Blanca, quien no dice nada y pone cara de inocente. Manolo se aproxima a Blanca.

Manolo – ¿Qué tiene en la mano...? (Manolo intenta hacerle abrir la mano) Que no quiere soltarlo, la muy cabrona...

Manolo consigue arrancarle el billete.

Silvia – ¿Y qué?

Manolo mira el billete.

Manolo – ¡Esta vez sí que es un boleto de primitiva! (Su sonrisa desaparece) ¡Hijo de puta!

Silvia – ¿Qué pasa esta vez? Soy yo quien se va morir, de un infarto...

Manolo – No es su número de seguridad social...

Silvia – ¿Y qué?

Manolo – ¡Que él solía apostar a su número de seguridad social! El que salió ayer...

Leticia – ¿Y?

Manolo – Pues, que su padre no es el ganador...

Silvia está a punto de desvanecerse...

Leticia – Creo que ya es hora de terminar...

Conchi – ¿Y a qué número había apostado entonces?

Manolo (mirando el boleto) – Parece un número de teléfono...

Conchi coge el boleto y lo mira.

Conchi – ¡Claro!, ¡si es el mío! Lo habrá visto en la revista de caza ésa donde puse el anuncio... (A Manolo) A propósito, todavía no he encontrado el móvil (A Manolo) ¿Lo has visto...?

Manolo – Es que no he tenido tiempo de buscarlo. Con todo esto... (Señalando el teléfono fijo en la barra). Llama a tu número, a ver dónde está...

Conchi, mirando el boleto de la primitiva, marca el número. Se oye un timbre en el interior del ataúd. Todos miran hacia el ataúd.

Manolo – ¿Quién habrá puesto el móvil ahí dentro...?

Conchi cuelga el teléfono y el timbre se detiene.

Conchi – ¿Y ahora, cómo voy a recuperar mi móvil? Es que estoy esperando unas llamadas muy importantes...

El teléfono vuelve a sonar dentro del ataúd. Todos miran a Conchi.

Conchi – ¡Ah, no, esta vez no soy yo!

Manolo – El número está en el anuncio... No va parar de sonar allí abajo...

Paco (contrariado) – De haber sabido que iba a haber tanto vaivén, le hubiera puesto puerta a este ataúd. ¿Estáis seguros de que no os habéis olvidado nada más ahí dentro?

El teléfono para de sonar... y luego vuelve a sonar.

Silvia – Bueno, ha

 

 

y que hacer algo, ¿no?

Luis – La incineración… es más limpio. Y nunca hay reclamaciones...

Paco, de mala gana, quita de nuevo la tapa del ataúd. Un brazo asoma de éste y le tiende el teléfono. Paco lo coge como si nada.

Paco – Gracias.

Paco le da el teléfono a Conchi.

Conchi (con amabilidad) – ¿Dígame...?

Conchi se da cuenta de que todo el mundo le está escuchando, y se aparta un poco para continuar su conversación. Luis vuelve a colocar en su sitio la tapa del ataúd.

Manolo (pensativo) – Pero si Pepe no es el ganador, ¿quién será?

De repente, el fontanero vuelve a entrar en el bar, enseñando un boleto de primitiva.

Jesús (histérico) – ¡Soy yo! Acaban de dar otra vez la combinación ganadora en la radio, ¡es la mía! ¡Soy yo!

Manolo (hundido) – Supongo que ahora tendré que buscar a otro fontanero para bombear el agua del sótano...

Conchi, interesada, termina su conversación telefónica y se aproxima al fontanero.

Conchi (encantadora) – Afortunado en el juego, desgraciado en amores... ¿Cómo te llamas?

Jesús – Jesús.

Conchi – ¡Jesús!  ¡Pues si eres el que estaba esperando...!

El teléfono de Conchi vuelve a sonar. Conchi contesta de mala gana.

Conchi – Basta ya. La caza ha terminado...

Conchi tira el móvil al sótano lleno de agua.

Jesús – ¡Anda, Manolo! ¡Vamos a celebrarlo! ¡Invito! ¡Champán para todos!

Regocijo general. Manolo sirve el champán encima del ataúd, que está en la barra. El teléfono fijo del bar suena. Manolo contesta.

Manolo – Bar Manolo, dígame...

Todos empiezan a brindar, haciendo mucho ruido. Manolo intenta hablar a los de la funeraria, alzando la voz.

Manolo – ¡Del cementerio…! El enterrador... (Manolo señala con un gesto el ataúd). Pues... quieren saber si es para hoy o para mañana...

Paco – Bueno... dile que se venga a tomar una copa con nosotros...

El fontanero nota por fin el ataúd sobre la barra.

Jesús – ¿Y esto qué es...?

Manolo – Esto... Es Pepe... (Manolo parece pensar en algo y hurga en sus bolsillos, mirando al fontanero) A propósito... ¿qué hecho yo con tus llaves...?

Manolo mira hacia el ataúd. Paco le mira, inquieto...

Paco – ¡No me digas...!

Manolo – Bueno... ¿Otra copita?

Manolo le sirve.

Luis – Pepe... Pobrecito... Nunca tuvo suerte.

Luis golpea tres veces encima del ataúd.

Luis – Ahora está en la caja, y ya no puede brindar con nosotros...

La tapa del ataúd se levanta. Sale el busto de Pepe –que puede ser representado por el actor que representaba a Carlos, con una peluca blanca y bigote falso–).

Pepe – ¡Descanse en paz, decían!

Todos miran estupefactos a Pepe, que alarga un vaso.

Pepe – Bueno, pues ¡una última copita! Como no haya un Bar Manolo allí arriba...

Fin.


Compartir esta página

Repost 0
Published by

Obras en Español

       

 TEXTOS INTEGRALES DE LAS OBRAS PARA BAJAR GRATIS

 

Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor
para la lectura. Sin embargo cualquiera representación
pública,sea profesional o aficionada (incluso gratuita),
debe ser autorizada por la Sociedad de Autores
encargada de percibir los derechos del autor
en el pais de representacion de la obra.
Contactar con el autor : CorreoElectronico 

 

 COMEDIAS PARA 2 

EuroStar

1 hombre / 1 mujer

Un conocido director de cine y una actriz ambiciosa se encuentran por casualidad en el Eurostar, sentados frente a frente. Ambos se dirigen a Londres para un casting. Ella está dispuesta a todo con tal de conseguir el papel que la hará famosa. Él se siente atraído por su encanto, pero duda si llegar hasta el final… De pronto, el tren se para en mitad del túnel bajo el Canal de la Mancha. ¿Una avería? Pero en este juego de listillos, él no es quien ella piensa. Tampoco ella es quien él cree.

teleBis.jpg

Ella y El, Monologo Interactivo

Un hombre y una mujer o varias parejas

La apasionante aventura de la vida en pareja... Ella y El nos propone un recorrido en clave de comedia, por diferentes escenas del amor actual : el primer encuentro, la noche de bodas, la convivencia en el hogar, los amigos, los vecinos, los hijos, el trabajo, el deseo, las frustraciones... 

teleBis.jpg

El Joker

2 hombres o 2 mujeres

Un guionista con problemas informáticos e inspiracionales recibe la visita de un extraño reparador. Todos tenemos derecho a un Joker...

teleBis.jpg

  COMEDIAS PARA 3   

13 y Martes

3 personajes : 1H/2M o 2H/1M o 3M

Jerónimo y Cristina han invitado a cenar a una pareja de amigos. Pero la señora llega sola, deshecha. Acaba de saber que el avión que traía a su marido a París se ha estrellado en el mar. Pendientes de las noticias con la posible viuda para saber si su marido forma o no parte de los supervivientes, la pareja descubre de pronto que acaba de ganar el bote de la primitiva de ese viernes 13. La consigna es, desde ese momento, "disimula tu alegría"... Numerosas e impredecibles peripecias se suceden a lo largo de esta agitada jornada... 

teleBis.jpg

Por Debajo de la Mesa

2 hombres / 1 mujer

Para cerrar un sustancioso contrato con la Administración, el Presidente de la constructora agraciada invita al Ministro de Obra Pública a una cena. Con el ánimo de que todo discurra por caminos propicios contrata a una señorita de compañía, para que se muestre agradable. Pero la jovencita en cuestión acude a esa cita para reemplazar a una amiga, la cual sólo le comentó que se trataba de un trabajo muy bien pagado como camarera. Así que piensa servir sólo los platos que aparezcan en el menú. Nada va pues a ocurrir como estaba previsto

teleBis.jpg

  COMEDIAS PARA 4     

Strip Poker

2 hombres / 2 mujeres

Una pareja invita sus nuevos vecinos para conocerse, pero la cena se vuelve en una verdadera pesadilla... Una comedia a la manera de Woody Allen...

teleBis.jpg

Foto de Familia

2 hombres / 2 mujeres

Dos hermanos y dos hermanas que apenas si se ven,  

se reencuentran por última vez en la casa familiar de vacaciones 

con el objeto del traspaso de la herencia después de la defunción de su madre. 

Pero las cuentas que tienen que ajustar no son solamente financieras...

teleBis.jpg

     COMEDIAS PARA 7 A 10 

Bar Manolo 

7, 8, 9 o 10 personnajes, distribucion variable :

1H/6M, 1H/7M, 1H/8M, 1H/9M,

2H/5M, 2H/6M, 2H/7M, 2H/8M,

3H/4M, 3H/5M, 3H/6M, 3H/7M,

4H/3M, 4H/4M, 4H/5M, 4H/6M,

5H/2M, 5H/3M, 5H4M, 5H/5M,

6H/2M, 6H/3M, 6H/4M,

7H/2M, 7H/3F

2H/5F, 3H/4F, 4H/3F, 5H/2F, 6H/1F

 2H/10F, 3H/9F, 4H/8F, 5H/7F, 6H/6F, 7H/5F, 8H/4F, 9H/3F

Como consecuencia a un accidente de carretera implicando un coche funebre, la llegada en un bar de un ataud conteniendo un billete de loteria es el argumento de una comedia muy divertida.

 teleBis.jpg

 COMEDIAS DE SAINETES (SKETCHES) 

Breves del Tiempo Perdido

Hasta 30 personajes (hombres o mujeres)

Sobre el tiempo, la vida, la muerte, el amor... y el eterno regreso. 

teleBis.jpg

Muertos de la Risa

Hasta 25 personajes (hombres o mujeres)

Comedia de sketches.  Humor negro...

teleBis.jpg

Ella y El, Monologo Interactivo

Un hombre y una mujer o varias parejas

La apasionante aventura de la vida en pareja. Ella y El nos propone un recorrido en clave de comedia, por diferentes escenas del amor actual : el primer encuentro, la noche de bodas, la convivencia en el hogar, los amigos, los vecinos, los hijos, el trabajo, el deseo, las frustraciones...

teleBis.jpg

 

Voy traduciendo mis obras en español, siendo el francés mi lengua materna.Busco a un autor español (o latinoamericano) que entienda bien el francés, y que esté interesado en un intercambio de traduccion, si intenta traducir sus propias obras en francés. Si alguien esta interesado, que me contacte : 

 correoelectronico

 

BARMAN.jpg m.jpg 547109_10200531052214463_1120699937_n.jpg HB
larga-copie-2.jpeg Breves 536609_4840056569852_1614162956_n.jpeg  726
10499563 10152624615099518 687685679094815935 o 264663 4106623219576 1225081488 n    

Voy traduciendo mis obras en español, siendo el francés mi lengua materna. Busco a un autor español (o latinoamericano) que entienda bien el francés escrito, y que esté interesado en un intercambio de traduccion, si intenta traducir sus propias obras en francés. Si alguien esta interesado, que me contacte (haga click) : correoelectronico

 

      Entrevista à Jean-Pierre Martinez por Julio Ferandez Pelaez

      http://eteatro.wordpress.com

1. Jean-Pierre, para empezar, me gustaría  que nos hablaras de tus primeros recuerdos relacionados con la escritura, y si estas vivencias fueron o no decisivas para trazar tu profesión.

Primero, Julio, me permitirás notar algo muy significativo: nunca nos hemos encontrado todavía tú y yo. Ni hemos hablado junto por teléfono. Yo solo te conozco a través de tus obras teatrales. Y tú a mí a través de mis propios escritos. Así que desde el principio, la escritura queda muy al centro de nuestro encuentro. Un encuentro literario. Para contestar tu pregunta, creo que he de decirte que me sentí escritor antes de escribir. Antes de saber si era capaz de escribir algo. Y antes de saber que podía escribir. Eso es lo que recuerdo. Así como unas primeras líneas de una novela que de niño nunca continué y un teatro de títeres que construí en una caja de cartón (el escenario, claro). Quería ser escritor. Me costó unos cuarenta años atreverme a serlo. Todavía no sé si me lo otorgo…

2. Llegas al teatro a través de la escritura para cine –corrígeme si me equivoco-. ¿En qué medida lo cinematográfico ha influido en tu estilo?

Te corrijo, Julio, ya que me lo has autorizado: Llegué a la escritura para el teatro a través de la escritura para la televisión. Y llegué a la escritura para la televisión gracias a la traducción (del inglés al francés) de novelas sentimentales… Como te decía, fue poco a poco que acepté escribir algo que no fuera puramente comercial. En primer lugar por razones económicas (uno tiene que ganarse la vida) pero también por culpa de una educación judeo-cristiana: Sólo me autorizaba escribir si, haciendo esto, me podía ganar la vida. Además, ganarme la vida escribiendo obras comerciales me permitía no hacer otra cosa todavía más aburrida. Escribiendo obras comerciales aprendí técnicas de escritura que me ayudaron a escribir obras más personales. Para contestar más precisamente a tu pregunta, queda muy claro que hay algo en común entre la escritura audiovisual (sea para la tele o el cine) y la escritura teatral, como principalmente la necesidad de pensar en términos de situaciones y de imágenes. Con la diferencia, a mi parecer, que en el teatro, vista la necesaria economía de medios, has de focalizar los personajes. Y el subtexto. Lo que más importa en el teatro es lo que no se dice…

3. Al terminar de leer alguna de tus obras, como es el caso de Strip-Póker, he tenido la tentación de dibujar tus personajes, llevar a la caricatura lo que en cierta forma queda esbozado en la pieza. ¿Hasta qué punto confías en la creación de tus propios personajes? ¿Existe una deliberada intención de ambigüedad?

 Mira, Julio, aquí tocas a una contradicción fundamental de la comedia: para que podamos reírnos de los personajes de comedia (como los de Molière) y de las desgracias que les acontecen, tienen que ser caricaturables y en consecuencia detestables. Por otro lado, para que el público se pueda identificar con estos personajes, han de permanecer humanos, es decir: ambiguos, complejos y frágiles. El espectador tiene que amar y detestar a esos personajes, que en cierta manera nos representan a todos. No estoy muy lejos de pensar que ocurre lo mismo en relación a los personajes de tragedia, pero al revés: el espectador los detesta amándolos… Así que, en consecuencia, la intención de ambigüedad es deliberada. No sólo en los personajes (¿Quién es, de verdad?), sino incluso en lo que se refiere a las situaciones (¿Que pasó, realmente?). Además, para un autor, sería muy aburrido ir a ver sus obras representadas si hubiera sólo una lectura posible. A mí me gusta que me sorprenda una escenografía, por ejemplo…

4. Háblame del humor, de su necesidad, de los mecanismos que lo desencadenan y si es deliberado que el humor ocupe en tus obras un lugar central.

Se dice que el humor es la cortesía de la desesperación. Yo solo me otorgo el humor…

5. ¿Te sitúas dentro de una corriente de renovación del absurdo?

Sería tener muy poco sentido del humor y mucha pretensión contestarte que sí… En serio (tratándose de humor), mi propósito no es renovar a nada (sino a mí mismo quizás, que ya sería mucho). Sólo intento expresar un universo personal. Hacer reír a los demás. Y sobre todo reírme de mi mismo…

6. ¿Te has sentido horrorizado alguna vez después de ver una puesta en escena de una de tus obras?

Si. La primera. Después me acostumbré…

7. ¿Cuál es tu opinión sobre determinadas formas teatrales postdramáticas en las que el texto queda en un segundo término (tal y como ocurría en las apuestas escénicas de los 60 y 70).

Como autor, pero todavía más como espectador, pienso que nunca el texto debe ser un pretexto. Dar a entender una interpretación clara de una obra ambigua ya es mucho ¿No?

8. ¿Qué lecturas son las que te enganchan?

“La carne es triste, y leí todos los libros” dijo Mallarme… Yo no leí todos los libros, claro. Pero leí muchos. Y cuando empecé a escribir, dejé de leer, sino el periódico (y últimamente una obra no publicada de un tal Julio Fernández que se titula La Muerte es Breve). Leer ya no me engancha, sino que me paraliza. No te sabría explicar por qué…

9. Cuéntame cómo es París.

¿A parte de que es la ciudad más bonita del mundo después de Vigo? Pues en París hay muchos teatros. Pero muy pocas comedias buenas. Lamento que sea así. Que el humor se confunda con el ridículo. Volviendo al absurdo, el año pasado, una de mis obras, “Photo de Famille”,  fue leída en el Teatro de La Huchette, donde se estrenaron medio siglo atrás las obras de Ionesco, y donde están todavía representadas cada día. Fue muy emocionante para mí. Tienes razón, Julio: ¡Tú y yo tenemos que renovar el absurdo!

 10. ¿Qué escribes ahora?

Ahora, te estoy escribiendo, Julio. Y tus preguntas me han enseñado unas cosas sobre mí mismo que no sabía todavía… Así que te lo agradezco.

 

 

536609_4840056569852_1614162956_n.jpeg 264663_4106623219576_1225081488_n.jpeg10499563_10152624615099518_687685679094815935_o.jpglarga-copie-2.jpegBreves